El primer destierro del Cid
La vuelta a la corte castellano-leonesa debió de resultar dura. Pese a su derrota, García Ordóñez seguía gozando de la máxima confianza de Alfonso VI, por lo que Rodrigo, que había degustado las mieles del triunfo y la riqueza de las cortes musulmanas de Zaragoza y Sevilla, comenzó a sopesar la posibilidad de iniciar una aventura personal lejos de sus orígenes, conocedor de las necesidades de los reyes de taifas de contar con un espléndido estratega militar que defendiera sus fronteras en lugar de los poco entrenados infantes andalusíes.
Después de diez años de fiel vasallaje, el Cid vio su oportunidad cuando en la primavera de 1081 se decide a liderar una campaña militar en torno a las tierras de Gormaz, que habían sido atacadas por sorpresa por musulmanes procedentes de la taifa de Toledo. Las huestes del castellano penetran en los territorios de al-Qadir entregándose al saqueo de los campos y al asalto de poblaciones de la zona nororiental de la taifa. Alfonso VI, descontento con su actuación, que ponía en serio riesgo sus negociaciones amistosas con el príncipe toledano, decide condenarlo al destierro por deslealtad.
Seguro de sí mismo, el Campeador marcha a tierras catalanas para ofrecer sus servicios a los condes Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, pero no es bien acogido. Rechazado, acude a Zaragoza, donde al-Muqtadir acepta gustoso la propuesta cidiana. Entre 1081 y 1087, Rodrigo Díaz de Vivar combate en nombre de los musulmanes contra el rey de las taifas de Lérida, Tortosa y Denia; contra Sancho Ramírez de Aragón y contra el conde Berenguer Ramón II de Barcelona, a los que derrota y humilla.
Apremiado por la derrota de Sagrajas en 1086, Alfonso VI pide ayuda a todos sus señores para hacer frente a la amenaza Almorávide. El Campeador recibe el encargo de ahuyentar del territorio valenciano a todos los aspirantes al dominio de la zona bajo la promesa, según la Historia Roderici, de que adquiriría en propiedad todas las tierras que conquistase en Levante bajo el nombre del rey. El Cid cumple el encargo a la perfección, ganándose el tributo de Sagunto y Alpuente, lo que le permite mantener a su ejército sin que el rey tenga que aportar ni un solo sueldo.
El segundo destierro
Crecido por el poder y probablemente preocupado por granjearse un territorio autónomo en Levante, Rodrigo Díaz de Vivar se gana el segundo destierro cuando no acude a la llamada de Alfonso VI para colaborar en la defensa de la fortaleza de Aledo, en Murcia, asediada de nuevo por los almorávides de Yusuf. El Campeador aprovecha la ocasión para intensificar su presión sobre los señores levantinos, a los que vuelve a cobrar tributos a cambio de protección. En 1089 derrota a al-Mundir en Denia. Poco después, Berenguer Ramón II, aliado con al-Hachib de Lérida, ataca al Cid en Tévar, pero es repelido en 1090.
En 1092, espoleado por los éxitos militares, decide acometer la empresa de la toma de Valencia no sin antes acudir a La Rioja en auxilio de la taifa de Zaragoza para combatir a su enemigo García Ordóñez, momento que aprovecha Alfonso VI para atacar Tortosa y la capital levantina con apoyo naval de Génova y Pisa, aunque no obtiene resultados.
Información sacada de: http://www.arteguias.com/biografia/rodrigodiazvivar.html
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